LONDRES DA RESPUESTA A LA CRISIS DEL TURISMO


Manual de seducción de compradores extranjeros
Desde Londres, la periodista Bergoña Arce de El Periódico cuenta cómo el comercio enfrenta la crisis.


Llegan las flores y los rayos de sol, pero las ventas de primavera no despegan esta temporada en Londres. A los ingleses les tiembla el bolsillo y les pesa cada vez más la incertidumbre laboral. Baja el consumo y los comercios buscan cómo sobrevivir al temporal. Afortunadamente para ellos, el pésimo estado de la libra esterlina está atrayendo como un imán a los compradores de todo el mundo.

Las asociaciones del West End se han agarrado a esta tabla de salvación, lanzando una costosa estrategia para facilitar las compras a los que llegan cargados de divisas.

Una guía y un cursillo, que se está impartiendo a más de 100.000 empleados y dependientes, les enseñan algunos hábitos y costumbres culturales de los 50 millones de compradores extranjeros que reciben cada año.

A la hora de tratar, por ejemplo, con los súbditos acaudalados de naciones árabes, como Kuwait, Qatar o Arabia Saudí, se advierte de que las mujeres suelen ir de compras en grupo, pero son los hombres los que finalmente deciden.

El personal debe abstenerse de ciertos gestos, como levantar las cejas, que significa no, o levantar el pulgar, algo, según la guía, considerado en la cultura musulmana como obsceno.

Los que andan con la cartera repleta de petrodólares esperan ser tratados con ceremonia y exclusividad, sin tener que esperar un minuto. Algunos comercios de lujo están considerando incluso prolongar sus horarios en la época del Ramadán, un periodo en el que los musulmanes jamás realizan las compras durante el día. Tantos desvelos se comprenden, teniendo en cuenta que, en una vuelta por las tiendas de Londres, un saudí suele gastarse una media equivalente a 1.800 euros.

Los nuevos ricos rusos andan ligeramente por detrás en presupuesto, pero sus 1.200 euros en cada salida por los comercios no es nada despreciable. En su caso conviene saber que viajan en grupo, con tours organizados o con amigos. Los hombres de negocios jóvenes, que sueñan con ser oligarcas o van camino de serlo, buscan productos de lujo y consideran el West End el colmo de la moda y el estilo.

A los asiáticos de China, Singapur o Hong Kong, lo que les gusta es hacerse con las mismas prendas, bolsos y zapatos de grandes marcas que podrían comprar en sus respectivos países, pero que son algo más baratos en Londres.

Los americanos, en cambio, piden sobre todo productos y regalos que no puedan encontrar en Estados Unidos.

Los "primos", como los británicos llaman a los ciudadanos del otro lado del Atlántico, son compradores bien adiestrados, que esperan un alto nivel en el servicio, prefieren ver los precios en dólares y los comparan con los que se ofrecen en internet.

Los grandes almacenes Liberty participan en la campaña de seducción y preparan para agosto una exposición sobre tejidos británicos, para quienes deseen algo propio del país. La firma Cartier, por su parte, se asegurará de que sus tiendas dispongan de los modelos más exclusivos también en agosto, cuando los clientes de Oriente Próximo, huyendo del calor, se refugian en sus pisos londinenses.

El turismo también en crisis, pero desarrollando estragtegias muy creativas para mejorar su posición ante la situación. Un buen ejemplo.

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